EL MEJOR SABOR DEL MUNDO
Los cristianos somos la sal de la tierra. Esto quiere decir que le damos sabor a la vida. Nuestras labores cotidianas a veces son muy pesadas. Nos ganamos la vida con el sudor de la frente (Gn 3:19). "¡Vanidad pura vanidad! ¡Nada más que vanidad! ¿Qué provecho saca el hombre de todo el esfuerzo que realiza bajo el sol?" (Ecl 1:2-3) A veces, la vida no tiene sentido, es rutinaria y pesada. Las vidas de muchas personas tienen gran necesidad de "condimento".
Hace más de dos mil años, Dios se hizo hombre y vivió nuestra condición humana. Le dio "sabor divino" a nuestra existencia humana, especialmente por medio de Su Muerte y resurrección, para que pudiéramos ser Bautizados en Él (ver Rom 6:3). De esta manera, en Jesús, recibimos ese sabor único, que hace que valga la pena vivir. Es en Jesús y por medio de Sus discípulos en Su Iglesia, que nuestra vida diaria tiene buen sabor. Los cristianos podemos darle gozo y felicidad al trabajo diario. Condimentada con nuestra fe, incluso los momentos más difíciles de nuestra vida, se vuelven "alegría y felicidad".
Vive tu Bautismo en Jesús. Ten sabor a Cristo, como lo tiene Él. Haz de la vida una "delicia".
Prayer: Padre, hazme darle el sabor de Cristo Jesús para beneficio de los que me rodean.
Promise: "Y es Dios el que nos reconforta en Cristo, a nosotros y a ustedes; el que nos ha ungido y el que también nos ha marcado con su sello y ha puesto en nuestros corazones, las primicias del Espíritu" (2 Co 1:21-22).
Praise: San Antonio defendió la visión Franciscana contra los que querían debilitarla.
Rescript: †Reverendísimo Joseph R. Binzer, Obispo auxiliar y Vicario general de la Arquidiócesis de Cincinnati, 3 de marzo de 2017.
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