UNA CONVERSACION TRANQUILA
Es extremadamente importante que oigamos al Señor y conversemos con Él. La conversación más importante que vamos a tener jamás con el Señor será del tema de su muerte y resurrección. Sin embargo, es el tema de conversación más difícil para nosotros.
La transfiguración de Jesús fue un intento de ayudarnos a conversar con Él de Su muerte y resurrección. Cuando nosotros vemos a Jesucristo glorificado, nos damos cuenta de "que los sufrimientos del tiempo presente no pueden compararse con la gloria futura que se revelará en nosotros" (Rom 8:18). Cuando vemos a Jesús conversando con Moisés y Elías (Mt 17:3), vemos cómo nuestra conversación con Jesús debe ser. Finalmente, cuando oímos al Padre mandarnos escuchar a Jesús (Mt 17:5), nos damos cuenta de que debemos escucharle tanto si queremos como si no.
Nunca se ha abordado tan dramáticamente una conversación como la que siguió la transfiguración. A pesar de todo, cuando Jesús de nuevo intentó entablar conversación con los apóstoles sobre Su pasión, muerte y resurrección, ellos interrumpieron la conversación. Al oír las palabras de Jesucristo, "ellos quedaron muy apenados" (Mt 17:23). Así, la transfiguración parecía un fracaso al principio. Sin embargo, después de la venida del Espíritu Santo en Pentecostés, la transfiguración entró en vigor (Cfr. 2 Pe 1:17-18). Los discípulos de Jesús no sólo conversaron con Él sobre Su muerte y resurrección; ellos incluso vivían crucificadas y resucitadas vidas. Luego ellos cargaban con sus cruces diariamente y eran testigos del Cristo resucitado.
Prayer: Jesús, que yo pueda ocuparme íntegramente en la conversación contigo.
Promise: Jesús "destruyó la muerte e hizo brillar la vida incorruptible, mediante la Buena Noticia" (2 Tim 1:10).
Praise: ¡Jesús está resucitado! ¡Podemos vivir con Él para siempre! Gracias, Jesús.
Rescript: †Reverendísimo Joseph R. Binzer, Obispo auxiliar y Vicario general de la Arquidiócesis de Cincinnati, 8 de augusto de 2013
The Nihil Obstat ("Permission to Publish") is a declaration that a book or pamphlet is considered to be free of doctrinal or moral error. It is not implied that those who have granted the Nihil Obstat agree with the contents, opinions, or statements expressed.